CARÁCTER PROPIO

 

EL CARÁCTER PROPIO DE LOS CENTROS EDUCATIVOS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

IGNACIO DE LOYOLA


Inicialmente, Ignacio de Loyola no tenía prevista la creación de colegios. Las instituciones educativas no entraban dentro de los propósitos originales de la Compañía de Jesús y, por lo tanto, Ignacio no presentaba ningún ideal pedagógico. Pero, poco a poco, sus ideas irán cambiando. En el colegio fundado en Gandía el 1546 para la educación de los que se disponían a entrar en la Compañía de Jesús, se empezaron a admitir otros jóvenes de la ciudad ante la insistencia de sus padres. El «primer colegio de la compañía», en el sentido de institución primariamente designada para seglares, se fundó en Messina, Italia, sólo dos años después.

Ignacio dedicó los últimos años de su vida a escribir las Constituciones de la nueva Orden Religiosa. En la parte IV de las Constituciones se recogen las principales ideas que sobre la educación tenían Ignacio y sus compañeros


LA RATIO STUDIORUM


El 8 de enero de 1599, el P. Acquaviva, Superior General de la Compañía de Jesús, promulgó la Ratio Studiorum, conocida oficialmente como «Ratio atque Institutio Studiorum».

Este fue el primer documento pedagógico oficialmente aprobado y promulgado por un Superior de la Compañía de Jesús. Desde ese momento, y durante dos siglos, la Ratio fue el reglamento de estudios obligatorio, estable y definitivo, para todos los colegios de jesuitas, hasta la supresión de la orden el 1773.

La Ratio era un plan de estudios unificado, coordinado, cíclico y a la vez convergente, perfectamente ordenado y graduado en los programas de cada curso y entre los diversos cursos, con una coherencia de métodos didácticos aplicados desde las clases ínfimas a las superiores.

Pretendía ligar en un único método la enseñanza del profesor y el aprendizaje del alumno. La metodología seguida era básicamente grupal, pero con una gran consideración a la persona de cada alumno. Se intentaba que el alumno hallara satisfacción y gusto en todo aquello que estudiara.



Desde el punto de vista didáctico se basaba en el tríptico formado por la prelección, la repetición y la aplicación a través de ejercicios prácticos. Se seguía un ritmo cíclico o circular en el sentido de reemprender después un mismo tema, añadiendo nuevos datos y conocimientos ilustrativos y complementarios.

Durante los siglos XVII y XVIII las escuelas seguían básicamente la Ratio del 1599, aunque se produjeran pequeñas modificaciones no esenciales en algunos de los detalles de aplicación.

Cuando la Compañía de Jesús fue suprimida por una Bula Pontificia en 1773, fue prácticamente destruida una red de 845 instituciones educativas extendidas por toda Europa, las Américas, Asia y África. Sólo quedaron unos cuantos colegios jesuitas en territorio ruso, donde la supresión no llegó a llevarse a cabo. Cuando Pío VII decidió restaurar la Compañía de Jesús en 1814, una de las razones que dio para su determinación fue que «La Iglesia Católica pueda disfrutar, de nuevo, del beneficio de su experiencia educativa».

Las turbulencias de la Europa del siglo XIX, marcada por revoluciones y expulsiones frecuentes de los jesuitas de diversos países –y consecuentemente de los colegios- impedirán una renovación del pensamiento y de la pedagogía de la educación jesuítica. Durante este siglo, los gobiernos de muchos países intervienen en el sistema educativo y en las materias de enseñanza, lo que obligó a nuevas adaptaciones. Con esto se ponía en peligro en el colegio de la Compañía la conservación de sus principios característicos y de su propia metodología.




En 1906, la Congregación XXV decidió que en aquellos momentos no era oportuno intentar la redacción de una nueva Ratio Studiorum universal. Se recomendaba a cada nación o provincia que hiciera una adaptación a escala nacional o provincial según las necesidades y posibilidades de los tiempos, lugares y personas.


Durante los dos primeros tercios del siglo XX la Ratio se continuará utilizando no como plan de estudios, pero sí en muchos de sus aspectos metodológicos. El elevado número de jesuitas que trabajaban en las escuelas y el hecho de que su formación se había dado siguiendo muchos de los modelos de la Ratio provoca que de forma natural sigan vivas muchas de las concepciones pedagógicas de la Ratio.

La pedagogía jesuítica sufrió una reformulación en profundidad a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) y de la reflexión y la práctica suscitada en muchos educadores, jesuitas y laicos, de la Compañía de Jesús y de las orientaciones y acciones emprendidas por dos superiores generales: Pedro Arrupe (1965-1981) y Peter Hans Kolvenbach (1983- 2008)


CARACTERÍSTICAS DE LA EDUCACIÓN EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS


En 1986 aparece el documento «Características de la educación en la Compañía de Jesús» en el que se fijan los objetivos últimos de la educación en los centros de la Compañía y el estilo o manera de proceder en el terreno pedagógico. Siete años después aparecerá el documento «Pedagogía ignaciana. Un planteamiento práctico» que fue el paradigma psicopedagógico asociado al anterior documento.

En estos dos documentos se fijan los objetivos de nuestros centros y se caracteriza la manera de proceder en el ámbito pedagógico.