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Lo ineludible

El pasado 1 de diciembre se conmemoró el día Internacional de la lucha contra el SIDA. Poco eco en los medios de comunicación. Cero información a los centros educativos, de manera general. Hace 10 años recibíamos cientos de folletos explicativos, recursos didácticos y ofertas para realizar charlas informativas a padres y alumnos mayores.

El SIDA-VIH es hoy en los colegios un tema menor, o un tema olvidado. No lo debería ser en la sociedad ni para los representantes políticos y sanitarios.

En su momento los colegios fueron centro de atención porque había familias que se negaban a que sus hijos asistieran a clase con niños portadores de VIH. Había mucha ignorancia y miedo respetuoso.

La información, la comunicación, la educación, en definitiva, posiblemente han sido la razón de cómo ha cambiado nuestra perspectiva ante este virus letal y las enfermedades asociadas a él, que también matan.

Aprovecho esta conmemoración para reflexionar sobre cómo hacemos en los colegios para que los problemas de la vida de las personas reales entren en lo cotidiano de nuestros colegios.

Llevamos dos años reclamando, exigiendo, implorando a los políticos por ser un país de acogida y HOSPITALIDAD. Hemos movilizado a nuestros alumnos, a sus familias, a los claustros. Se han multiplidado las charlas, acciones divulgativas y de denuncia, unidades didácticas, puertas abiertas a ONGs, etc..

Me temo que con la petición de un “pasaje seguro” y una hospitalidad generosa para quien huye de la guerra, el hambre y la violencia, suceda lo mismo que con tantos temas que afrontan lo sustancial de nuestra misión de educadores (así se hizo con el SIDA-VIH): que quede en un rincón de la estantería, en un poster con fecha 2017 o entre aquellas cosas que ya hicimos, y lo nuevo no nos permite recordar.

Sabemos que no nos cabe todo en el colegio, en las programaciones y mucho menos en el currículo. Pero hay cosas que no podemos dejar nunca de enseñar para que nuestros alumnos las aprendan: la IGUALDAD y la HOSPITALIDAD se practica muy especialmente queriendo y recibiendo a quien en la sociedad no se quiere.

Para curar a los leprosos Jesús tuvo que tocarlos.

Juan José Tomillo, sj

Director Colegio Ntra Sra del Recuerdo

Madrid