
Lecturas que interpelan: nueva sesión del Club de Lectura de Educsi
10 diciembre, 2025
Tres miradas a los grandes retos de Educsi en estos próximos cinco años
19 diciembre, 2025Para compartir el eco del taller de Experiencias Pastorales, me viene a la cabeza la imagen con la que iniciábamos el día. En la eucaristía se nos hablaba de Zaqueo, jefe de publicanos, un hombre bajo de estatura, odiado por sus conciudadanos, que subió a un sicomoro para poder ver pasar a Jesús. Se nos planteó la pregunta: ¿y si Zaqueo no subió solo al sicomoro? ¿Y si tuvo “amigos” que le ayudaron en esa tarea? Esos amigos que sostienen a Zaqueo son, en el fondo, los mediadores de una experiencia que lo transforma y lo acerca, sorprendentemente, a Dios. Esta imagen se convierte en el espejo perfecto de lo que hemos trabajado en el grupo sobre Experiencias Pastorales. Nuestras propuestas pastorales no son un fin en sí mismas, sino los escenarios necesarios para que nuestros alumnos, acompañados por sus educadores, sean capaces de elevarse por encima del ruido cotidiano y vivir experiencias transformadoras que los acerquen al encuentro con Dios.
Formar parte de un verdadero proceso
En nuestro grupo resonaron muchas preguntas e intuiciones, lejos de querer plantear un listado cerrado de conclusiones. ¿Cómo preparar, acompañar y dar sentido a cada experiencia pastoral para que no sea un «evento suelto», sino parte de un verdadero proceso? Descubrimos la importancia del antes, del durante y del después, de cuidar cada fase, de conectar la experiencia con la vida diaria y de ayudar a que cada joven haga suyo el encuentro. Como nos recordaba David Cabrera SJ, «un proceso sin acompañamiento no es proceso». Si solo ofrecemos actividades sin el andamiaje del acompañamiento, ¿no estaremos dejando a Zaqueo a los pies del árbol, mirando sin ver?
Sentimos la tentación de medir el éxito pastoral en números, en cuotas de participación, olvidando que, si se pierde el sentido último del encuentro con el Señor, la pastoral se vacía de contenido. “¿Cuánto tiempo necesitamos para sembrar? ¿Cuánto para esperar el fruto?” Resuenan estas preguntas mientras constatamos que la pastoral no puede desligarse del día a día, que el reto está, también, en integrar fe y justicia, acción y sentido. Por eso, queremos que ninguna experiencia quede reducida a una casilla más en la agenda, ni que ninguna se viva superficialmente. Eduardo Vizcaíno nos advertía que los jóvenes «están buscando esa profundidad» y que nuestra tarea es acompañar esos procesos. No podemos permitir que nuestras experiencias pierdan calado por masificar o por la falta de preparación de quienes acompañan.
Invitación a la sencillez
El eco insistente de este taller es una llamada al cuidado: de la preparación, del proceso y especialmente del acompañamiento. Es necesario también cuidar a quienes acompañan, ofrecer reconocimiento, formación y espacio para crecer. Asimismo, resuena la invitación a la sencillez: contar lo que hacemos con un lenguaje cercano, innovar, ser creativos y abrir horizontes donde los jóvenes y los educadores más nuevos puedan encontrar su lugar y compartir misión.
En definitiva, las experiencias pastorales sólo tienen sentido cuando ayudan a subir al sicómoro, cuando permiten ver y dejarse ver, cuando cada uno puede escuchar la voz de Jesús: “Hoy quiero hospedarme en tu casa”. Que nuestras escuelas sigan siendo lugares donde nadie suba solo al árbol, donde todos podamos alentar y ser alentados en el camino, donde la misión se construya con preguntas abiertas, búsquedas compartidas y horizontes que no se cierran.
Reflexión redactada por David Sanz, Director de Pastoral de Jesuïtes Lleida, tras el encuentro de Pastoral de 2025.


