
Diver-sí-dad
2 enero, 2026
Una Pastoral más encarnada en las paraescolares
14 enero, 2026Lo vivido en nuestro reciente taller de Pastoral Familiar en la Jornada de Coordinadores de Pastoral y jesuitas de EDUCSI, no ha sido solo un intercambio de ideas, sino un verdadero eco de la realidad que late en nuestros centros. Al sentarnos a reflexionar, nos dimos cuenta de que la pastoral no es una estructura que imponer, sino un camino que descubrir entre todos. Pero, ¿hacia dónde nos están llamando estas reflexiones?
El desafío de las sombras: ¿Dónde estamos?
No podemos ignorar las «sombras» que a veces nos frenan. Reconocemos la creciente secularización y el reto de conectar con familias que, aunque se definen como creyentes, no siempre encuentran en la práctica religiosa un sentido vital. Aparece la pregunta: ¿Cómo proponer la fe sin imponerla, respetando el ritmo de cada hogar? A veces, el miedo a no saber acompañar la diversidad de situaciones familiares o la falta de implicación o convencimiento de toda la comunidad educativa nos hace sentir que caminamos más lentos de lo deseado.
Luces que abren horizontes
Sin embargo, las «luces» son potentes y esperanzadoras. La pastoral familiar hoy se nos presenta como una oportunidad de tender puentes. Intuimos que el secreto no está en «hacer cosas para las familias», sino en «hacer con ellas»; en ofrecerles herramientas que les ayuden a vivir con mayor profundidad.
Aquí es donde nuestra espiritualidad ignaciana cobra todo su sentido. No buscamos solo que las familias «asistan», sino que aprendan a «buscar y hallar a Dios en todas las cosas».
Han surgido intuiciones luminosas: desde la sencillez de un café compartido hasta la profundidad del Examen Ignaciano en familia o el Camino de Santiago. Con otras muchas propuestas como campamentos o Pascuas, Baúl Magis, Eucaristías, reconciliación, viacrucis, coro… como oportunidades de encuentro, participación, camino para recorrer juntos. Son espacios donde la espiritualidad se traduce al lenguaje cotidiano de los afectos. La luz aparece cuando dejamos de ser gestores de actividades para convertirnos en una comunidad abierta de fe, una «familia de familias» que se acoge y se celebra.
Llamadas que resuenan: ¿Hacia dónde vamos?
El taller nos deja con preguntas abiertas que actúan como brújula para nuestra misión compartida:
- ¿Cómo ser «obreros de la mies»? Estamos llamados a salir de nuestras zonas de confort para «abrir caminos» nuevos, permitiéndonos ser sorprendidos por la realidad de cada familia.
- ¿Cómo traducir la espiritualidad ignaciana? Necesitamos un lenguaje que conecte con el día a día: los duelos, las alegrías, la educación de los hijos y el servicio a los demás.
- ¿Podemos ser una verdadera comunidad de acogida? La llamada es a generar espacios donde nadie se sienta juzgado y todos se sientan invitados a participar, desde el coro de familias hasta las comisiones de pastoral. Espacios donde la profundidad no asuste, sino que atraiga; donde el silencio y la oración compartida sean el motor de nuestra unión.
Un horizonte por construir
Este no es un punto final. La pastoral familiar en nuestros colegios está llamada a ser un eco de esperanza. Nos queda el reto de «aunar fuerzas», de generar redes con otros y, sobre todo, de mantener una escucha activa.
Queremos una pastoral que no solo hable de Dios, sino que ayude a las familias a descubrir y enamorarse de un Dios que ya está presente en sus casas, en sus abrazos y en sus mesas. El camino sigue abierto. ¿Nos atrevemos a caminarlo juntos?
Reflexión redactada por Marta Ganso, Coordinadora de Pastoral del colegio San José de Valladolid, tras el encuentro de Pastoral de 2025.


