Los antiguos alumnos renuevan su misión global

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24 julio, 2026
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Los antiguos alumnos renuevan su misión global

«¿Cómo puede ser que en Bilbao estemos diciendo unas cosas y, de repente, en la otra punta del mundo, aquí en Indonesia, estemos haciendo el mismo examen del día?». La reflexión de María San Cristóbal, antigua alumna de Jesuitak Indautxu, sintetiza una de las experiencias compartidas en Yogyakarta: personas de culturas, lenguas y generaciones distintas reconociendo una forma común de mirar y situarse ante el mundo.

Del 29 de julio al 2 de agosto, la Universidad Sanata Dharma ha acogido el XI Congreso Mundial de la World Union of Jesuit Alumni (WUJA), bajo el lema ‘Unidos en el Espíritu, Liderando con Propósito’. El encuentro ha coincidido con el 70º aniversario de esta organización, fundada en Bilbao en 1956, y ha combinado espacios de reflexión y celebración con distintas experiencias culturales en Yogyakarta.

En la apertura, el presidente de la WUJA, el español Francisco Guarner, recordó que los vínculos nacidos de la educación jesuita están llamados a prolongarse mucho más allá de los años de colegio o universidad. En un contexto marcado por la división, la crisis ambiental, la desigualdad, los desplazamientos forzosos, la soledad y la pérdida de sentido, invitó a poner la formación, los recursos y la voz de los antiguos alumnos al servicio de la reconciliación y la justicia.

«La WUJA no es simplemente una organización que conserva recuerdos y mantiene amistades. Debe activar una red global capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo«, afirmó. Guarner planteó así la necesidad de que las conversaciones mantenidas durante el Congreso se traduzcan en alianzas duraderas entre profesionales, educadores, emprendedores sociales e innovadores de diferentes países y sectores.

El Padre General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa SJ, enmarcó este compromiso dentro de la misión compartida. Invitó a los participantes a ir más allá de la nostalgia, avanzar en el discernimiento y profundizar en los Ejercicios Espirituales. También pidió a la WUJA colaborar con la Compañía en cuestiones como la inteligencia artificial, la promoción del bien común, la escucha de los jóvenes y la defensa de la dignidad humana frente a una cultura que puede terminar reduciendo a las personas a datos y criterios de eficiencia.

La misión, subrayó, se encuentra «en las fronteras» y exige reunir a personas de buena voluntad más allá de las divisiones políticas, geográficas y étnicas para formar «hombres y mujeres para los demás».

A lo largo de las jornadas se han abordado cuestiones como la identidad de los antiguos alumnos, el liderazgo ignaciano, el diálogo interreligioso, la justicia social, la crisis ecológica y la participación juvenil. Más que delimitar una pertenencia cerrada, el Congreso ha buscado reconocer qué puede aportar esta comunidad allí donde cada persona vive, trabaja y sirve. Por parte de España, además de representantes de antiguos alumnos, ha participado Pilar López-Dafonte, que ha compartido con el auditorio su experiencia como responsable regional para Asia de Fe y Alegría y Entreculturas.

Una identidad reconocible a miles de kilómetros

Jaime Tatay SJ, vicerrector de Identidad y Misión y Alumnos y Alumni de la Universidad Pontificia Comillas, explicó que, pese a la diversidad de esta red internacional, existen elementos compartidos: «Una tradición espiritual, evidentemente, una pedagogía, un estilo educativo». A ellos sumó la compasión, el deseo de servir a las personas más vulnerables, la consciencia y la capacidad de detenerse y pensar. Rasgos, señaló, orientados a transformar el mundo y hacerlo «más habitable, más justo».

Esa identidad también se ha hecho visible en las antiguas alumnas españolas presentes en el encuentro. Júlia Solanellas, de Jesuïtes Sarrià–Sant Ignasi, destacó que los valores recibidos permanecen más allá de la etapa escolar: «Encuentro muchas cosas en común pese a ser muy diferentes y eso es lo bonito». Claudia Torras puso el acento en «servir y amar» y en la capacidad de esta comunidad para ayudar y relacionarse con los demás desde el respeto.

María Urizar, antigua alumna y actualmente profesora de Jesuitak Indautxu, expresó hasta qué punto su formación en la Compañía ha influido en su propio recorrido: «Ha marcado mucho mi identidad, ha marcado el camino que he terminado siguiendo en mi vida». En Yogyakarta ha encontrado una comunidad unida por una mirada «muy solidaria y muy espiritual».

El Congreso ha dejado una convicción para el regreso: la educación jesuita no concluye al dejar el colegio o la universidad, sino que puede prolongarse en una red mundial de colaboración y servicio. Guarner lo expresó al inicio del encuentro: «Que salgamos de Yogyakarta no solo inspirados, sino movilizados, unidos en el espíritu y liderando con propósito».

Setenta años después de su nacimiento en Bilbao, la WUJA ha vuelto a mirar hacia fuera, con el reto de convertir una historia y una identidad compartidas en una misión al servicio del presente.

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