¡Despertad!

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¡Despertad!

Casi todos los escritos sobre el sentido de la educación que he leído recientemente, siempre desde un enfoque centrado en la persona, insisten en un concepto que podríamos resumir en las dos caras de una moneda: la formación del sujeto en todas sus dimensiones, y la proyección social y profesional del mismo, como resultado de la formación.
Podríamos decir, siguiendo la filosofía educativa ignaciana, que son como las caras de la moneda, inseparables. El lema del Padre Arrupe, “personas para los demás” resume de forma magistral el concepto. Tantos años trabajando en esta dirección, quizá podríamos pensar que los colegios jesuitas tienen este tema superado… ¿o no?
Afirma el papa Francisco en Laudato Si, tras criticar con extrema dureza el paradigma de desarrollo de nuestra sociedad occidental capitalista, que “la educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles, si no procura difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza”. Nos reclama un nuevo paradigma de la persona, de la sociedad y la relación con la naturaleza.
Si hacemos un poco de autocrítica, sin duda encontraremos en nuestro trabajo mucha acomodación al sistema hegemónico, que convierte todo en mercancía, que valora a las personas por lo que tienen o saben producir, no por lo que son. Encontraremos propuestas de solidaridad, sin duda, pero muchas veces vacías de “nuevo paradigma”. Encontraremos mucha insensibilidad por el consumo de recursos naturales, ya sea por ignorancia, ya porque nos resulta un problema lejano. ¿No llega la hora, de la mano de Francisco, de ir más allá de personas para los demás? Un reto para salir de conformismo.
José Ignacio Eguizábal
Egibide
Vitoria-Gasteiz