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Mucho más que maestros

La tarea de un docente nunca ha sido fácil, pero, a medida que las demandas sociales, los nuevos horizontes profesionales y las nuevas formas de entender la cultura y las relaciones interpersonales han ido evolucionando, hemos tenido que enfrentarnos a nuevos desafíos para desempeñar nuestro trabajo dentro del ámbito de la Educación.

Además de los continuos cambios de leyes educativas, a los que por experiencia personal he podido asistir – desde la LODE a la LOGSE, pasando, hasta el momento, por LOE y LOMCE – han sido muchos los retos que superar, y no hablo únicamente de cumplir los planes y objetivos marcados para las, también cambiantes, etapas de EGB, BUP, FP, ESO o Bachillerato, sino de adaptarse a nuevas formas de enseñanza: nuevas metodologías, nuevas herramientas, nuevos procedimientos de evaluación…

Desde un método de enseñanza prácticamente magistral hemos pasado a un proceso de enseñanza-aprendizaje. Esto requiere de una profunda mentalización para enfrentarnos a una serie de transformaciones en la manera de entender nuestra labor docente, que aceptamos como reto. Se nos agolpa, así, una sucesión de técnicas y de responsabilidades a las que hay que saber responder, y ante las que hay que reinventarse.

Por una parte, ahora el docente tiene que saber ajustarse a las necesidades de los alumnos para trabajar en distintos niveles, ya que cada uno tiene su ritmo de aprendizaje y su personalidad, mientras que los temarios siguen siendo, generalmente, los mismos para todos.

También se impone ahora el trabajo en equipo, cuya principal dificultad reside en saber motivar a todos los alumnos, para que sepan valorar los aspectos positivos del aprendizaje colaborativo.

Por otra parte, aunque estos aspectos nunca se hayan desligado completamente, ahora más que nunca, el docente no debe limitarse a ser enseñante; el docente es, además, mitad tutor, mitad psicólogo, orientador, y hasta padre o madre… Sin olvidar, que, precisamente el diálogo con los padres sea en ocasiones algo tenso, sobre todo cuando se trata de chocar con los intereses familiares, a veces comprensibles, frente a los resultados académicos y sus aspiraciones profesionales, o ante el deseo de realizar tales o cuales estudios universitarios.

Vienen a añadirse a los aspectos anteriores otros elementos que dificultan la actividad docente, entre ellos la falta de tiempo que impide el tranquilo cumplimiento de nuestra actividad, debido a los horarios apretados, y, más recientemente, la incorporación a la práctica educativa de los soportes digitales, en
los que, en muchas ocasiones, los propios alumnos son más diestros que los profesores. Las nuevas tecnologías se han instalado en las casas y en las clases, y, aunque se hayan convertido en un instrumento indispensable en nuestras vidas y en nuestro trabajo, sobre todo a raíz de las actuales circunstancias a causa del coronavirus, y la consiguiente necesidad del trabajo telemático, tendrán éstas que servir de complemento, pero no como medida sustitutiva a las clases presenciales. La pérdida de aspectos como el trato directo, la interacción con los compañeros, la cercanía del profesor o la afectividad restan valor a la enseñanza y al aprendizaje.

Desde mi punto de vista, no sé si compartido, no es que la práctica educativa fuera antes más sencilla, dado que la ética profesional siempre ha llevado a los docentes a tratar de buscar la innovación en el desarrollo de su trabajo, es que el docente, hoy, se ve en la necesidad de dar respuesta a exigencias externas y a modificaciones en los sistemas educativos, elaborados a veces sin tener en cuenta las aportaciones y opiniones del profesorado.

Por todo ello, es muy importante contar con un equipo de respaldo a profesores nuevos y con oportunidades de reciclaje profesional en el terreno informático,
metodológico, pedagógico, competencial…, cosa con la que siempre hemos contado en nuestros centros.

A pesar de las posibles dificultades, hay que seguir apostando por una formación integral, y confiar en que algo estaremos haciendo bien cuando al reencontrarnos, después de algún tiempo, con nuestros alumnos, nos trasladan su sincero agradecimiento y el de sus familias.

Manuel Blanco Cuéllar,
profesor de ESO en el Colegio San José de Villafranca de los Barros (Badajoz)