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Orar en familia (I): el concepto de orar

La oración es la base de nuestra relación con Dios y en la actividad del ámbito Pastoral de nuestros Colegios está muy presente, como tradición actualizada con el paso de los años. No es solo comenzar cada mañana las clases rezando todos juntos, o cantar la Salve a la Virgen de Colegio cada viernes, participar en las comunidades cristianas o compartir un Retiro. La oración nace del interior, se vive en familia y se experimenta desde el silencio en la relación personal con el Dios amigo.

Es el P. Jaime de Peñaranda SJ, coordinador de la Pastoral en Primaria del Colegio San José de Villafranca de los Barros (Badajoz), quien nos guiará a través de estas líneas para asentar las bases de la Oración en Familia.

Concepto de “orar”

“Solo aprendemos de los que nos aman”. Esta verdad es experimentable sobre todo en la infancia, ese tiempo en que se siembra la semilla. A lo largo de la vida nos van a ir enseñando muchas cosas que desconocemos, pero solo asimilamos para la vida, lo que nos trasmite desde el amor.

Orar no es recitar mecánicamente unas “oraciones” (aunque a veces tengamos que hacerlo) sino comunicarse con Dios, como se hace con Papá-Mamá, con un hermano o un amigo íntimo. Es decir, con entera confianza, sabiendo que me atiende, y siempre me va a ayudar, aunque no sepa cómo y en qué momento.

El modo de orar tiene mucho que ver con la imagen de Dios que vamos asimilando. Puede ser un Creado grandioso, que todo lo sabe y hace bien, pero ¿dónde se encuentra, ¿cómo se habla con Él? Puede ser un Juez justísimo, que mira cada momento de mi vida para advertidme de lo que hago bien o mal, pero, tal vez ¿preferiría que no me vigilara? Puede ser un Dueño que pide cuentas de lo que me ha dado, pero ¿no me agobiaré con el trabajo, o estaré solo pendiente de la recompensa? Puede ser una especie de “Amuleto”, al que le exijo suerte, salud… pero ¿no lo utilizaré para mi propio provecho, y me desprenderé de Él cuando ya no me valga? Otras veces hacemos de lo que nos rodea un Ídolo (personas, hobbies, bienes materiales, gustos…) pero ¿no los vamos tirando en la medida que nos decepcionan?

Solamente Jesús de Nazaret es el que nos ha enseñado el modo cómo somos capaces de entender los humanos a Dios: un Padre, un Papá, un Abba. Si con este Padre charlamos en familia, será más fácil que los hijos lo asimilen, porque los niños, no aprenden: imitan. Las primeras experiencias pueden ser definitivas.

Jaime de Peñaranda SJ,
coordinador de la Pastoral en Primaria
Colegio San José de Villafranca de los Barros (Badajoz)